jueves, 18 de mayo de 2017

Aquí he venido a por una medalla, ¿o no?. Crónica de la Maratón de Madrid (Cap. IV)

Me he hecho de rogar, pero al final me he sentado ante este lienzo en blanco para pintaros mi infierno personal. Dicen que la maratón empieza en el 30K, pero el último capítulo comienza tras cruzar la MM. Espero que no os deje como el final de Lost. Empezamos...

Tras pasar por la MM continúo por la calle Ferraz camino del 22K donde me espera Vanesa. La veo al fondo de la calle, en la esquina donde hemos quedado, levanto los brazos para que se fije en mi y veo que sonríe.
Llego hasta ella y me pregunta qué tal estoy y me comenta que la app se ha vuelto loca y en un momento llegó a dar el tiempo estimado de llegada a meta sub4h (WTF!!). Vamos de bajada por el Parque del Oeste, ella me va hablando, aunque yo apenas contesto, necesito todas las energías. Sabe que voy sufriendo por el calor porque es mi punto débil y vamos buscando la sombra.


Enfilamos la Avenida de Valladolid, sobre el 25K me tomo el segundo gel (de absorción lenta y con cafeína) ya que ella lleva por si necesitara otro. Es en ese momento cuando me doy cuenta que no he perdido el gel y respiro aliviada. 
Voy sufriendo, mi cabeza entra en un debate interno, no debería estar así a estas alturas de la película. Aún queda mucho y no sé si he elegido bien el ritmo al que voy, intento convencerme de que solo es el calor. Pero mi cabeza empieza a fijarse demasiado en las sensaciones corporales, especialmente en la rodilla y la cintilla izquierdas. Intento distraerme fijándome en los demás corredores y en la gente que anima.

Kilómetro 26, cruzamos el río Manzanares para adentrarnos en la Casa de Campo por el paseo del embarcadero. Voy a agradecer la sombra aunque vayamos de subida, territorio conocido. Me alegro de todas esas tapias que han hecho mis piernas mas fuertes. 
Bordeamos el lago para seguir corriendo por el paseo de los plátanos donde hay una carpa del Samur, allí veo a uno de los pro. No puedo evitar el chiste mental "tampoco estas tan mal, acabas de adelantar a un keniata", me río por dentro. Al segundo se me pasa la risa cuando recuerdo que me acerco a mi bestia negra, la salida de la Casa de Campo.


La cuesta arriba frente al metro de Lago, la de mayor desnivel de la maratón, aunque no sea excesivamente larga, el año pasado me hizo subir los últimos metros andando. Una de las dos veces que me paré a andar, este año no, este año no podía pararme. Tiré de piernas, de corazón, de los ánimos de la gente, de los que estaban en esa cuesta y de los que sabía que estaban animándome aunque no estuvieran allí. Y la subí, claro que la subí, una pequeña victoria. Por fin salimos de Casa de Campo, kilómetro 30.

Vamos de bajada por la Avenida de Portugal, había que recuperar, pero intentando mantener el ritmo. Giramos a la derecha por el paseo Marques de Monistrol y allí hay un punto de animación, creo que es de un concesionario. Tienen a todo volumen la canción "Bailando" de Alaska y justo pasamos por allí cuando la canción dice "tengo los huesos desencajados, el fémur tengo muy dislocado, tengo el cuerpo muy mal..." y a Vanesa y a mi nos entra la risa, la canción lo ha clavado 😂
Encaramos el Paseo de la Ermita del Santo y recuerdo el corredor disfrazado de elefante que me adelantó el año anterior "este año no ha habido huevos a ponerse el disfraz con este calor" pienso.


Creo que mi cabeza intentaba esforzarse con estos pensamientos, distraerse, y al mismo tiempo estar en modo positivo, pero ya lo sabía, pronto se acabaría el modo happy. Vamos de subida por el paseo de la Virgen del Puerto y la temperatura también está subiendo, 33K, el día no está para bromas.


Ahí empieza mi calvario, giramos en el parque de Atenas y mi cabeza ya no pudo mas. Cuando ahora lo pienso creo que mi cuerpo podía, en realidad mis molestias en la rodilla y la cintilla eran mas mentales que reales, tenía el cansancio propio de los kilómetros y el handicap del calor. Mi cabeza necesitaba excusas para dejar de correr. Y las encontró, subí andando gran parte de esa cuesta por mas que Vanesa me animaba a seguir corriendo.

Giramos hacia el paseo imperial y vuelvo a trotar. Lucho con mis demonios internos, me dicen que pare de correr que hace mucho calor, que la cintilla molesta a ratos, que la rodilla también. Me tomo el último gel de asimilación lenta que tenía, también lleva cafeína, espero que me de fuerzas para terminar. Ya hace kilómetros que no miro el GPS, Vanesa me lo ha prohibido y me regaña si lo intento.

Poco después del avituallamiento del 35K la cabeza me ganó. Corría y empecé a verbalizar lo que no se debe en una maratón "no puedo". Estuve los siguientes kilómetros repitiéndolo en bucle.

- "No puedo"
- "Claro que puedes"
- "No puedo"
- "¿Cuándo no has podido tú con algo?"
- "No puedo Vanesa, no puedo"
- "Llevamos muchos kilómetros adelantando gente, claro que puedes"

Vanesa intentaba animarme mientras yo me paraba a andar unos metros, volvía a trotar, volvía a andar...
En el 36K dí un golpe de estado en mi cabeza y dije "a tomar por saco los complejos, no aguanto la camiseta". Os imagináis 36 kilómetros aguantando el calor con tal de no quitármela y enseñar la tripa, pero ya no podía mas, quería correr y no parar. Quería mi sub4h30' por el que tanto había trabajado. Último gel, chute de energía con sabor a mojito caliente.

Pocos metros después sentí que me llamaban eran Héctor que iba con Marta, se estrenaba en maratón y me sorprendió mucho adelantarla, me gustó verlos pero no en esas circunstancias. No podía hablar, necesitaba toda la energía del mundo y les lancé besos para dar a Marta ánimos.


Pero el subidón de energía me duró poco, al entrar en el Paseo del Prado mi cabeza volvió a venirse abajo. La animación era increíble pero no podía mas que andar y correr a trozos. Me fijé en el resto de corredores y el año anterior no había visto a tanta gente andando, y eso que tardé casi 5h, ni yo había andado tanto.
Ver allí a Felipe Lira con su cámara de fotos me dio un empujón momentáneo.


Consigo llegar a Cibeles trotando, donde me espera Manolo para acompañarme hasta meta. Se da cuanta en seguida que voy mal por el calor, empiezan las negociaciones. "Corremos hasta esa farola y si quieres luego andamos", "andamos hasta esa papelera pero luego trotamos"...

Nos acercamos corriendo al 39K, Paseo de Recoletos y punto de animación de los Drinkingrunners, empiezan los pelos de punta, me emociono cuando los localizo, está Jorge con el megáfono, están haciendo un pasillo y jalean a los corredores como si cada uno fuéramos el ganador de la maratón. Me vengo arriba y subo ritmo, no puedo parar a darles las gracias, me llevo su energía.



 Pero me he venido demasiado arriba, me lo dice Vanesa. Y antes de que gire para empezar la subida de Goya...



Mi cabeza no puede mas, me paro a andar de nuevo "no puedo", "no puedo". Exploto a llorar, me acabo de hundir del todo. Manolo me coge por la espalda para recordarme que no es que pueda es que lo tengo a 3 kilómetros y voy a llegar a meta.
No paro de repetir "así no", "así no, Manolo, yo no lo quiero así" mientras no paro de llorar como si fuera una niña pequeña a la que acaban de quitar su juguete favorito. Apenas puedo andar, no son las fuerzas, me ha dado una especie de crisis, Vanesa y Manolo me agarran e intentan tirar de mi, de mi cabeza que es la que se ha plantado y no quiere llegar a meta. Se acerca Héctor corriendo por detrás preocupado, para ver si estoy bien porque ha visto la escena (mil gracias 💋).

No sé como salgo de esa situación, volvemos a andar y a negociar..."hasta esa farola". Y así pasa hasta que entramos en Príncipe de Vergara. Ya está hecho, para bien o para mal, decido no volver a andar, "venga Laura una serie larga" me digo mentalmente. Cuando llego al 41K miro el GPS de reojo y no me lo puedo creer, si doy lo poco que me queda quizá lo consiga, quizá entre sub4h30.

Acelero todo lo que a esas alturas de la maratón puedo, saco la fuerza de donde no la tengo. Se me pasan por la cabeza las quedadas para hacer tapias y tiradas largas de los domingos, los días de series interminables, los entrenamientos con los compañeros de corre con nosotros, los drinkingrunner...

Antes de entrar en el Retiro Manolo se retira, dice que es mi momento y entramos Vanesa y yo adelantando a todo corredor que se nos ponía por delante. Escucho los gritos de ánimo de Amaya Sanfabio y Pablo Villalobos a la entrada del parque y de Lorena, la hermana de Contadordekms, ya como mediomaratoniana (enhorabuena 😉).

Ya veo el arco de meta al fondo del paseo de coches...
Fernando...
alargo zancada...
Paco, Raquel...
subo ritmo...
Carlos, Pilar...
Un poco mas...
Vanesa, Manolo...
Miro el reloj del arco de meta...
¡y por mi!¡leches, por mi!

Y cruzo esa meta, sin saber el tiempo, me fundo en un abrazo con Vanesa y le doy las gracias por tirar de mi. 4h 29'37" después de pasar por el arco de salida vuelvo a ser MARATONIANA. Objetivo conseguido sub4h30', por los pelos, pero conseguido. Casi media hora menos que el año anterior, pero aún hay mucho que mejorar.


Gracias a todos los que habéis estado ahí durante la preparación, a los que compartisteis kilómetros conmigo durante todos estos meses, a los que me mandasteis mensajes de ánimo y de felicitación y me petasteis el móvil 😅, a los que escucharon bajones los días malos y confiasteis en mi. A todos los voluntarios y los que salieron a animar, nos hicisteis mucho mas llevaderos los 42k195m. A Manolo y Vanesa por acompañarme en lo peor de la carrera. Y a los que habéis tenido una paciencia infinita esperando el desenlace de este culebrón, espero no haberos defraudado. Gracias! 💋



 Me podeis ver en el video oficial de la maratón de Madrid, espero que os guste!!










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